10.17.2004

Primer Capitulo. Primera Parte

Hoy empiezo mi novela... "Pretextos. El nacionalista." entregada en pequeños parrafos cada día. Espero les guste.

Capitulo I. Atlcahualo.


"Pretextos, todos somos simples pretextos". Recuerda haberlo escuchado en alguna platica amena, en compañía de un buen vino, entre el humo desorbitante de un cigarro extraño y no muy pocas risas que aunque cálidas no dejan de ser hipócritas.

- Tal vez fue esta misma noche -Musita.

La alacena esta vacía, situación que su estomago ya lo había advertido. Busca con sus manos de rasgos elegantes algo que llevar a la boca, escudriñando cada espacio dentro de la estructura de madera carcomida. Fastidiado de no encontrar nada salvo un par de astillas que se clavan dolorosamente en sus dedos sublimes, aquellos que se funden grandiosamente con una guitarra para transformar una caja de madera de cedro en alguna fina melodía sea esta Joaquín Sabines, Bash, Roberto Carlos, Fernando Delgadillo o alguna nota de Current 93 siempre a tono en los momentos más decadentes o lo que es lo mismo: la mayor parte de su vida.

Con el estomago vacio y la cabeza dando vueltas a causa de ver al Potro de Hierro hundirse entre “aisbergs” de varios “güisquis” en las rocas - porque el Titanic le causaba vértigo y era muy nacionalista -, un tequila sonrais y varios tequilas derechos que dejo de contar cuando se sintió falto de cuatro de sus sentidos, por que nunca dejo de tocar la guitarra, aunque su voz desafinaba con el melodioso sonido de aquella. "Las acciones, emociones y actos humanos son impulsados por un pretexto". Le hubiera gustado debatir esa reflexión con Sherryl Da Cid, vertiginosa muestra del lado sublime del humano, mujer encantadora. Recuerda el desorbitante humo de un cigarro durmiendo en la comisura de sus finos dedos, y un olor que entre copa y copa ocasionaba una ligera excitación tanto del olfato como de la entrepierna. Se maldice una y otra vez por no haber iniciado esa refutación sobre el tema, no porque fuera el alma central de su ideología ni mucho menos, sino para sobresalir de la mediocridad que a través de los años se ha sumergido.

El viaje que tenia que tomar hacia el dormitorio ocasiona un ligero bostezo. Los pasos torpes y el constante movimiento del espacio - causa por demás significativa del exceso de alcohol en sus venas - convirtió a su cuerpo en constante destino de golpes, caídas y desaciertos grotescos. El ultimo tropiezo transmuto al frió piso en un nido en el que descansar esa noche, no sin antes sentir como con su caída las débiles casas vecinas parecían desplomarse.

El centro de control de su cuerpo empezó a emitir reportes a la mañana siguiente. Vista nublada, mareos prolongados, exquisitas nauseas, necesidad de asearse, grave dolor de cabeza y cuerpo cortado. Cuando la conciencia permitió llegar a la conclusión de que se trataba de una - tan amargamente vieja amiga - resaca pudo comprobar que la existencia de un hombre - de sí mismo - puede llegar a odiarse. Miro que el reloj marcaba ya las 3:30.

Torpemente se puso el saco y busco la cartera en su pantalón. Vislumbro el olor de la cena de anoche, acedada en un aderezo que parecía ser vomito, descansando secamente en su camisa. No era bastante impedimento para poder salir de su casa, sin embargo la cambio por una mas limpia y se dispuso a viajar en las calles en busca de algún remedio para su mal. No fue mucho tiempo el que busco, pues a la vuelta de la esquina encontró un restaurante estilo ingles abierto. Ya se había percatado desde el primer día que llego a ese vecindario, sin embargo en la semana en que había permanecido ahí ni un solo día lo vio abierto.

Respiró profundamente y se sentó en una mesa al aire libre. Rápidamente el mesero llego a mostrarle la carta no sin antes presentarse cortésmente.

-Un vino tinto de la casa y una cajetilla de luquis - Era un excelente catador de vinos y no iba a despreciar la oportunidad de volver a tomar ese exquisito vino Español y de paso quitarse ese maldito dolor de cabeza. Sin embargo, recordó el áspero y excitante sabor de un buen tequila, y extraño nostálgicamente al país que lo saludaba al otro lado del Atlántico.

-México lindo y querido, sí.. -Detuvo aquella melodía de su mente pues el resto de la canción era algo que ya había olvidado. Cuanto hubiera deseado tener entre sus manos un "caballito" de tequila, un limón y un poco de sal. Tal vez un cigarro "alitas" o "pacifico". Tuvo que conformarse con una copa de Cardenal de Mendoza y un luqui.

-¿Desea algo mas señor? -pregunto el mesero con aquel elegante acento ingles y justo después de encender el cigarrillo que yacía juguetonamente en la boca de nuestro personaje.

-Estoy bien por el momento. -Contesto aquel.

3 Comments:

Blogger Roberto Iza Valdes said...

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9:10 PM  
Blogger Roberto Iza Valdes said...

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7:34 PM  
Blogger Roberto Iza said...

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8:35 AM  

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