3.07.2005

Segundo Capitulo. Primera Parte.

Dedicado a mi Mexicanohungara y Panques favoritas...
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II. Tacaxipehualiztli

Son demasiados los días que han corrido desde la primera cena y muy pocos los que nos separan de la ultima. Y con los dedos de una mano cuento las veces en que Malitzin y Dalid han se han visto inmiscuidos en la secreción sudorosa como reacción a el ejercicio físico de el vaivén exquisito del sexo. No he conocido en mi vida alguna película pornografica, pareja romántica, lectura osada o poema maldito que nos describa similarmente la maravilla de esta pareja en la cama. Pero la cama no lo es todo (aunque bien puede serlo) si conservamos la idea del ser humano como algo mas que un animal. Fuera de ella Dalid y Malitzin son un desastre, un mundo caótico, y una platica exasperante, fuera de la cama esta pareja no es nada. Son dos golpes de nada, son un grito desesperado por escapar de alguna platica. Son la tormenta furiosa de Tezcatlipoca. El grito de desesperación que causa el torpe de Dalid en Malitzin solo es comparado con el de combate de un guerrero águila atrapado en algún cenote maya.

Mañana calurosa del 30 de Mayo del año perdido. Calor sofocante, y húmedo. La escena: una cama, Dalid y Malitzin. El mundo no importa, porque el pequeño microcosmos en que se ha convertido ese nido de amor ha provocado el olvido de el sistema exterior. Es la cosmovision utopica que surge del ombligo malitziano. Que importa si los lideres franceses riñen con los españoles, aquí solo importa amar y ser amado; o algo mas rico aun: copular y ser copulado. Una gota de sudor cae lentamente de la frente de Dalid, choca contra el suelo y se expande con esa propiedad que tienen los líquidos saturados de sal. Dalid se enjuga las demás gotas de sudor para impedir inútilmente sentirse incomodo. Malitzin con el cuerpo vestido de luna se voltea lentamente cambiando el paisaje de un hermoso par de glúteos a un no menos fascinante par firme de senos. La bocanada de cigarro de Dalid se dispersa por la habitación y apenas un trozo de humo escapa por la ventana. Dalid ha seguido con la mirada ese pedazo juguetón de tóxicos volátiles, su oído trata de agudizarse cuando percibe los débiles murmullos exteriores. Malitzin ha tomado el cuerpo de Dalid entre sus dos brazos, respira hondamente y exhala un suspiro de enorme complacencia. Dalid pierde su mirada, es decir, su mirada esta inmersa en las figuras de una tercia de cirros. Malitzin ha despertado completamente, su mirada lo revela. Baja lentamente sus manos hasta tocar las dos bolas de carne de Dalid que hacen las veces de trasero. Dalid, no se inmuta. Malitzin aprieta fuertemente. Dalid, solo mira de reojo a su compañera. Malitzin introduce bruscamente el pene de Dalid en su boca. Dalid suspira, y disfruta con mayor agrado el paisaje de la mañana calurosa en Pontevedra.

Dalid abre los ojos, todavía es de día. Se da cuenta que se ha quedado dormido por la fatiga. Oye un murmullo de agua, es una regadera. Sin ninguna intención deja caer la delgada sabana que cubría la parte baja de su cuerpo. Se levanta y da un breve salto de la cama al piso, advierte que el mismo esta frío. Camina descalzo hasta el baño, la puerta esta abierta. Malitzin se baña, duda un segundo y decide ir por algo de comer.

Hojea la alacena cual libro favorito; el sabe cual es el contenido y aun así es un placer (¿lo es?) echar un vistazo. Como de costumbre no encuentra nada. Regresa al dormitorio, se viste, calza y camina hacia el universo que lo espera afuera.

Las calles estan almidonadas de tragedia. Ahora endurecidas, con olor a sulfato y fiebre de frio despiertan a Dalid del desesperante letargo en que se ha sometido. Camina lentamente por las pintorescas aceras de Pontevedra. Su mente esta tranquila. Su cuerpo tambien lo esta, despues de tantos gajos de placer. Observa detenidamente un personaje singular. Vestido de conejo, con una cajita musical este personaje busca el cambio en los bolsillos de extraños. Deja ver por la transparencia de la malla que pretende ser la boca del conejo un bigote mal cortado y una cara arrugada, cansada y con un brillo a fuerzas. Sacude la cola, y le da vueltas a una manija para “tocar” el instrumento. Si, el mismo conejo de sus sueños, pero con figura humana. El mismo maldito conejo briago.